Opinar de política es cosa de sentido común.

 

Da miedo a veces hablar de política, uno siente que no sabe o que puede decir cosas inapropiadas frente a gente que se toma el tema muy a pecho.  Tememos ser jusgados, estigmatizados o incluso ridiculizados en el caso - probable - de que nos saquen en cara montones de artículos y autores clásicos que no hemos tenido la suerte de leer.

Pero ¿hay que ser un entendido en el tema para hablar de política? Esta es una pregunta singular que podría entenderse como justificación para los que hemos metido las narices en esta materia sin ningún título, cita o referencia de peso que avale nuestra intromisión. Pero más que justificarme prefiero argumentar en base a otra pregunta:  ¿Puede alguien no saber de política y sin embargo emitir un juicio válido?

Por supuesto que si, somos seres políticos por naturaleza ya que desde que adquirimos la habilidad de abstracción, podemos pensar en que es lo mejor más allá de uno mismo. Y sin pretender hacer una definición al respecto, me permito afirmar que la política no es más que eso: tener opinión o tomar decisiones en lo que nos concierne como grupo, colectivo o sociedad, más allá de lo individual e incluso respecto a lo individual si consideramos las influencias y repercusiones hacia el resto de las personas que nos rodean. 

De hecho las personas que se dicen apolíticas suelen tener una opinión política, oculta y negada, pero existente al fin. Toman decisiones políticas en la vida cotidiana, cuando quieren conseguir algo mediante otra persona, cuando eligen sobre el precio de un artículo o cuando se preguntan como conseguir lo que necesitan. En los grupos organizados, de cualquier tipo, se hace política, sean éstos culturales, deportivos o recreativos. Todo a un nivel micro pero en base a las mismas lógicas e intuiciones de la política nacional. Casi cualquier opinión respecto a al tema coincide con alguna ideología descrita aunque no lo sepamos, por tanto pensar que nuestro rechazo al tema en general, a los partidos políticos o a las organizaciones gremiales son un abandono de lo político, es una completa inocentada. Ejemplo de esto ha sido el repetido discurso contra los políticos que han sostenidos dictaduras como la de Pinochet, quienes diciendo esto tienen un sólido argumento para disolver parlamentos y partidos con el objetivo de ejercer el poder sin contrapeso. Otro caso común es el de las autoridades universitarias, que restringen el acceso de los estudiantes al gobierno, indicando que los temas a decidir son académicos o de gestión, cosa que no incumbe al estudiantado; ¿pero a caso no es una decisión política definir el valor de los aranceles? 

No hay que "saber de política" para opinar, ni mucho menos haber leído varios libros. No es un fenómeno raro que mientras más se lee e distintas fuentes, más dudas surgen y más difícil se hace mantener la posición inicial como verdad absoluta. Después de todo explicar las posiciones personales con referencias bibliográfica, no es más que un proceso de racionalización con el que buscamos convencernos de lo que inicialmente pensábamos, complacidos en el hecho de que un facultativo piense algo similar y logre explicarlo de una manera tan clara. Hay una prácticamente una teoría para cada idea de sentido común y la verdad está más en la convicción que en otra cosa.  

La política es algo de sentido común. Existen excepciones claramente, donde la complejidad de los temas obliga a manejar ciertos elementos y se hace mucho más efectiva si cuenta con el conocimiento de la experiencia, por eso necesita de la autoridad y no puede dejarse sólo en manos de una asamblea. Pero el hecho de que se crea que es cosa de técnicos, de políticos profesionales, no es verdad. La existencia de profesionales de la política no es un fenómeno natural, sino un conveniente mecanismo de concentrar el poder en unos pocos y limitar el acceso de la mayoría a las decisiones, complejizando los temas y haciéndolos ajenos al natural sentido común. Los políticos profesionales son un producto más de la división social del trabajo que caracteriza al capitalismo; además de un eficiente mecanismo de control social.

Para opinar de política no hay que ser docto en el tema, sino sólo tener voluntad; voluntad para involucrarse, tratar de entender y abrir los ojos a la realidad. Voluntad de no entregar la decisión a otro, sino de hacer del sentido común una herramienta de interpelación a la autoridad. Hay que ser proactivos y encarar el tema sin hacerle el quite por latoso o complejo; hay que hacerse cargo de formar la opinión y buscar el lugar para verterla; hay que dejar de ignorar que nuestra omisión es firmar un cheque en blanco. A fin de cuentas los políticos electos votan igual en nombre de los abstenidos. Nadie puede decir que en base a un mejor conocimiento, una moral más sólida o una ética más consciente está mejor facultado para emitir su juicio que otro, mucho menos para decidir por otro si no es porque se lo permitimos.  La política no tiene que ser docta, ni abstracta, ni lejana; tiene que asumirse como parte del día a día, de la vida común y de la gente sencilla; tiene que estar al alcance de todos y ser retrolimentada por todos. Sólo así hay freno a la corrupción, la arbitrariedad y el autoritarismo; solo así se limpia su estigma y se hace el pilar necesario de la verdadera democracia.

 

Enviado por Julio Sarmiento

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