El capitalismo es un sistema socioeconómico depredador e inhumano que solo se sostiene gracias a potentes mecanismo de dominación política y cultural y mediante el uso de la fuerza. Un sistema que es visiblemente insostenible por el solo hecho de no ser ecológicamente viable, y cualquiera puede calcular que los recursos y el espacio no dan para continuar aumentando los niveles de consumo. Pero aun así hay tantos intereses en juego que el sistema se resiste a perecer, y cada día pareciera afirmarse más en las mentalidad de los ensimismados. No obstante podemos y debemos cambiarlo si queremos asegurar la sobrevivencia del hombre y sobre todo la dignidad de esos miles y miles que hoy día no valen nada porque no consumen.
Para cambiarlo debemos realizar acciones revolucionarias, que son las que vayan en pos de abolir la tiranía del mercado y darle el control a la ciudadanía de la producción y la distribución de las riquezas, o sea que busquen transformar las relaciones de poder y el modelo productivo. Nada más lejos de eso que el tirar piedras, llevar a acabo manifestaciones violentas o votar nulo, como profesan algunos “izquierdistas” que hacen alarde de consecuencia. Las transformaciones van en la linea de lograr en primer instancia, que las personas conquisten un poder que les permita tomar las decisiones de tipo económico que el carácter privado de la economía capitalista no les permite tomar.
Conquistar este poder para las personas no es mas que lograr una verdadera democracia y esto es fundamental porque justamente el capitalismo se mantiene por ser profundamente antidemocrático. El verdadero poder está hoy día en la economía y no en las personas o sus instituciones democráticas. Hemos sido testigos de que los poderes económicos son capaces de persuadir a los gobiernos para que salvaguarden sus intereses; o si no, pueden llevarse se negocio a otra parte, financiar la campaña de un partido que puedan instrumentalizar una vez ganado el poder, o simplemente apoyar un golpe de estado. Entonces no podemos creer que tenemos una verdadera democracia si toda decisión de importancia puede ser vetada de facto por la influencia económica de los grandes capitalistas. Esto no significa que la democracia no funciona sino que debe ser realmente conquistada.
Si todas las decisiones significativas queda al arbitrio del mercado significa que están al margen de la ciudadanía y las personas no tienen absolutamente ningún poder de influir en ellas directamente. Diganme si acaso hay algún gerente que esté en su puesto por elección popular, o que alguna de las tasas o indicadores económicos han sido establecidos previa consulta ciudadana, para que preguntar si alguna inversión ha sido definida por las bases. En este sistema todos los días los capitalistas toman decisiones que influyen sobre nuestras vidas, que traen consecuencias como las crisis económicas, la cesantía y la miseria, y lo hacen baypasseando tranquila e impunemente las instituciones que como ciudadanos nos hemos dado para decidir de manera democrática y representativa nuestros asuntos.
Por tanto emanciparnos, librarnos del capitalismo, debería partir por conquistar para la ciudadanía todos esos espacios de poder que están al margen de la decisión popular y llevar a cabo mediante ellos un programa de transformaciones socioeconómicas. Y no es raro que en esta dirección se enfoque el programa político del partido comunista, que busca ampliar los espacios democráticos donde la izquierda tiene presencia para influir a través de ellos en cambiar la constitución; en darle un mayor rol al estado que representa el interés común; en poder cambiar el sistema tributario; en cambiar el modelo productor de materias primas por el de exportación de productos con valor agregado; en no permitir que se exploten nuestros recursos naturales en manos de empresas extranjeras; en nacionalizar las empresas que ofrecen servicios que son derechos básicos; en asegurar que la educación pública forme con calidad a profesionales de origen humilde, etc. Muchas de estas cosas contradicen las bases ideológicas del neoliberalismo (última etapa de desarrollo del capitalismo) y colaboran con su extinción, pero no ocurren porque el parlamento no es realmente democrático, o sea asegura el poder de las personas porque excluye a grandes sectores sociales y representa a ese poder económico que tenemos que combatir. La ciudadanía no tiene el nivel de organización necesario para influir en el ya que se conforma con votar cada 4 años, y la sociedad civil se encuentra dispersa y ensimismada por la falta de organizaciones sociales, gremiales y sindicatos. Recuperar estos espacios de poder popular es una revolución democrática y mientras mas cerca estemos de una verdadera democracia mas corta se hará la vida de este sistema. Si Chile fuera mañana mismo realmente democrático y el poder de decisión estuviera en la ciudadanía, el capitalismo no llegaría a pasado mañana.
Publicado por Julio Sarmiento





