Mitos sobre la Democracia en las Organizaciones Estudiantiles.

 

“Cuanto más siniestros son los designios de un político, más estentórea se hace la nobleza de su lenguaje” , Aldous Huxley


Vivimos en la época de los eufemismos, al punto de que cada día cuesta más escuchar a los políticos y entender los matices y realidades que se ocultan tras toda una fraseología llena de buenas intenciones. En particular el concepto de Democracia, ha sido uno de los mas manoseados para justificar posiciones a veces muy alejadas de su verdadero significado. Vemos comúnmente como entre los distintos grupos políticos surgen acusaciones cruzadas de ser “antidemocráticos” ganando siempre quien tenga mayor capacidad comunicacional. ¿Es posible entonces que éste sea un concepto tan relativo?

Ocurre un fenómeno curioso con la palabra Democracia, una especie de vaciamiento semántico, que la ha transformado en una mera consigna, un enunciado que concita adhesión de manera genérica, sin que haya mayor análisis sobre las condiciones que le dan sentido. Ha sido producto de la instalación sistemática en los medios de aquellos principios acordes a la doctrina socioeconómica hegemónica, de los cuales la Democracia es paradigmático, los que a ojos de la opinión pública se han convertido en “mandamientos”, que toda organización o líder debe usar de referencia, ya que toda la ciudadanía, de manera unánime lo considera como “bueno”.

En el debate estudiantil es común que se creen mitos, maneras de concebir la democracia  automáticamente asignados a ciertas “estructuras” o “formas de actuar”, que estando instaladas pareciera que pocos se cuestionan en profundidad. El primero de estos mitos se relaciona con la Democracia Directa, en la que se espera que todos los implicados participen personalmente en la toma de todas las decisiones. Varios grupos plantean que solo las estructuras donde no existe delegación de funciones negociadoras en representantes, son las únicas realmente democráticas. Pero una organización no es democrática por seguir un modelo específico para la formación de su gobierno, sino porque el adoptado, cualquiera que sea, brinde oportunidades equitativas de participación política. Si bien la Democracia Directa, como concepto, es un ideal al cual se aspira, no hay claridad en torno a los mecanismos para alcanzarlo salvo la realización de asambleas, las que por si solas no son mayor garantía, producto de las limitaciones que le son propias: tamaño, periodicidad, quórum, presión, autocensura, etc.

En la otra vereda se encuentran los defensores acérrimos de la democracia representativa, que pueden llegar a plantear la delegación completa de las cuotas de poder de sus representados, con lo cual los Representantes quedan facultados para tomar decisiones sin que sea necesario ningún tipo de consulta o refrendación. Esto lo justifican en las elección por votación universal y secreta, pero en la práctica la sola dependencia de este procedimiento no asegura el control del electorado sobre las acciones del elegido, ni permite  con facilidad su revocación.

Otro mito muy común, que se relaciona en parte con el asambleísmo, es el que lleva a cuestionar las normativas de cualquier tipo, bajo el argumento de que limitan la libertad, frenan la participación y burocratizan las organizaciones. Esto está mas lejos aun de relacionarse con la democracia, ya que sólo en el contexto de las actividades normadas tiene sentido hablar de la libertad. Librarse de todas la reglas no sería obtener la libertad perfecta, sino crear una situación donde la noción de la libertad ya no podría encontrar asidero ni punto de referencia. La carencia de procedimientos para determinar quién, cuándo y de qué manera se puede asumir de forma legítima la dirección o vocería oficial de la organización y las atribuciones que por ello se tienen, lleva a un actuar totalmente discrecional y arbitrario, tierra fértil para que los caudillos usurpen soberanía sin cuestionamientos ni contrapesos. Rechazar toda norma también se convierte en norma y no es cosa de juego ya que su ausencia genera vacíos de poder y violencia.

Suele escucharse también que las organizaciones que no son horizontales son antidemocráticas, uno de los mitos mas instalados por quienes al no poder disputar la dirección, impulsan las dinámicas que le permiten una mayor incidencia. Se critican así las directivas, las presidencias y a los representantes en general, acusándolos de Autoritarios. Sin embargo una organización no puede prescindir de espacios de poder con autoridad soberana. Debe existir obediencia a ciertos ordenamientos, pero ésta no debe impuesta, sino estar sobre la base de un sustento legítimo, para que funcione todos deben reconocer la dirección por parte de cualquiera que haya alcanzado esas posiciones de poder de manera legítima, y que una vez allí continúe actuando de igual forma.

Por último cabe mencionar el mito que dice relación con la homogeneidad del movimiento, lo que se relaciona con el rechazo a todo la presencia y operancia de grupos políticos al interior de las organizaciones, declarando que solo son legítimas las posiciones ejercidas por “estudiantes de base” sin ideología ni militancia. Contradictoriamente esos planteamientos suelen ser propios de ciertas ideologías que ven a las organizaciones como meras agrupaciones gremiales, donde se trabaja en beneficio de los estudiantes y no de orgánicas injerencistas. Si la organización ofrece posibilidades concretas de participación a todos los interesados, siempre habrá espacio para que las líneas de pensamiento se expresen y los estudiantes se aglutinen en grupos alrededor de ellas, algo que además de legítimo es deseable porque permite la existencia de espacios de formación, acumulación y preservación de demandas, además de mayor fiscalización y constancia en el trabajo político. El hecho de crear una organización estudiantil no debe eliminar las diferencias ideológicas al interior del estudiantado y las consiguientes luchas por el poder entre los grupos con diferentes líneas de pensamiento. Una organización democrática debe permitir la expresión de las contradicciones internas, sin que ello signifique la disolución del acuerdo fundamental.

Se puede debatir mucho sobre la mejor manera de organizarse bajo principios democráticos, se puede escuchar de todo en boca de quienes la defienden a ciegas como principio, pero se debe ser cauto al creer que el solo uso de la palabra otorga alguna garantía de ello. Sobre todo es común que esté ausente allí donde más se menciona. Si me preguntan a mí: la democracia es un método para garantizar el respeto de la soberanía popular, más precisamente la voluntad de la mayoría, brindando oportunidades equitativas de participación y respetando a las minorías. Pero suele suponerse que esta voluntad existe y que está libremente formada. Este es el error que considero mas grave de todos, porque no hay mayor manipulación que la que puede ejercerce al momento de formar esta “voluntad popular” y no hay problema mas grave para una organización que la no existencia de ésta. Independiente de como nos organicemos si no aseguramos: el conocimiento de los hechos políticos, los canales a través de los cuales puedan expresarse los diferentes puntos de vista e intereses en conflicto y los espacios formales de discusión, esteremos esforzándonos en vano por defender espacios deliverativos vacíos. Si no hay opinión que representar, inquietud para discutir e información para analizar, estamos a merced del mas puro autoritarismo.

 

Escrito por Julio Sarmiento M.

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